La Oración

P. G. Mathew | Saturday, June 10, 1995
Copyright © 1995, P. G. Mathew
Language [English | Japanese]

Copyright © 1995 by P. G. Mathew

Nuestro tema es la oración cristiana. No simplemente oración, sino oración cristiana. En Lucas once, leemos, "Un dia estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando acabó, le dijo uno de sus discí­pulos: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discí­pulos." Es nuestra petición que aprendamos a orar efectivamente; y que aprendamos esto de las enseñanzas de Jesucristo mismo y de las Sagradas Escrituras.

Cuando hablamos de oración, no estamos hablando de orar a cosas creadas. Esto es lo que la mayorí­a de la gente en el mundo hace. Si usted viaja a cualquier parte del mundo, se dará cuenta que la gente ora. Todos adoran, pero casi todas estas gentes adoran a criaturas. Oran al sol, oran a la luna, oran a los árboles, oran al viento, oran a los santos. Este tipo de oración, de acuerdo con la Biblia, es idolatrí­a. La oración cristiana es pronunciada por personas verdaderamente cristianas, quienes han sido nacidas de Dios, y a las cuales no solo se les ha perdonado sus pecados, sino que además se les ha otorgado naturaleza divina. Estos son verdaderos cristianos, en quienes el Espí­ritu Santo habita. Para los cristianos, la oración debe ser tan natural como el llorar y respirar de un bebé recién nacido. A continuación, consideremos algunos puntos acerca de la verdadera oración cristiana.

  1. Oración es conversación con el Dios infinito, personal, y triuno. Oración es comunión con este Dios, comunión para la cual fuimos creados. Hemos sido creados para vivir una vida en relación y comunión con el único Dios verdadero y vivo, quien existe en tres personas. Y esto quiere decir que no podemos orar y dormir al mismo tiempo. Normalmente oración es lenguaje, articulación, conversación. Aunque me gustarí­a poder orar mientras estoy durmiendo, parece que esto no resulta. Entonces, bí­blicamente hablando, la oración es una conversación con la personalidad infinita, con el Dios de las Sagradas Escrituras, el Dios que creó y que reina el universo.

  2. Dios hace su voluntad a través de nuestra oración. Hay personas que preguntan: " Por qué debemos orar si sabemos que Dios a preordinado todas las cosas? Todo lo que ocurre, ocurre porque Dios lo ha decretado. Por lo tanto, cuál es la diferencia entre orar a Dios y no hacerlo?" Esa es una pregunta tonta, y la respuesta está en que el mismo Dios que preordinó todas las cosas, preordinó también el medio por el cual sus propósitos han de ser efectuados. Qué quiere decir esto? Por ejemplo, aunque es Dios quien salva a los pecadores, El también ha decretado el medio por cual los pecadores pueden ser salvos, y eso es a través de seres humanos predicando el evangelio de Jesucristo. Así­ que si alguien pregunta, " Por qué debo testificar?" " Por qué debo predicar el evangelio?" Podemos contestar: "Dios es magní­fico, y Dios es grande, y Dios es absolutamente soberano. El ha preordinado todas las cosas y El va a salvar a todas las personas a quienes ha predestinado para la salvación". Dios va a salvar a todas las personas, pero los va a salvar a través de los medios que el mismo a preordinado. Del mismo modo, Dios hace efectivos sus decretos por medio de oraciones que nosotros oramos y que han sido preordinadas por El. Es por esto que la oración es extremadamente importante. Es por medio de nuestra oración que la voluntad de Dios es hecha.

  3. Debemos orar de acuerdo con la voluntad expresa de Dios, tal como nos es revelada a través de un solo medio, en el libro que Dios nos ha dado, en el Nuevo y en el Antiguo Testamento. La voluntad de Dios está revelada en la Biblia. Si la voluntad de Dios puede ser comparada a un cí­rculo, entonces todas nuestras oraciones tienen que estar adentro de este cí­rculo, o sea, de acuerdo con la expresa voluntad de Dios. Usted no puede orar afuera del cí­rculo de revelación divina. Por ejemplo, suponga que yo no amo a mi esposa, y aunque hemos estado casados por muchos años, ahora quiero tener otra mujer. Esta no es una oración que puedo orar: "O Dios, por favor encuéntrame otra mujer. Ya han sido treinta y cinco años." Por qué? Tal oración está afuera de la voluntad expresa de Dios. Toda oración debe acordar con la voluntad de Dios, tal como aparece revelada en las Sagradas Escrituras.

    En Juan, capí­tulo quince, versí­culo siete leemos: "Si permanecéis en mí­, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho." Se dan cuenta entonces que la oración debe estar de acuerdo con la voluntad de Dios que nos ha sido revelada. En la Primera de Juan, capí­tulo cinco, versí­culo catorce, San Juan dice esto: "Y ésta es la confianza que tenemos en El, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, El nos oye." Entonces la oración es toda cosa que ustedes quieran, pero siempre dentro de una esfera que es "conforme a su voluntad", a la palabra de Dios. Juan continúa, "Y si sabemos que El nos oye, cualquier cosa que pidamos" donde "cualquier cosa" está limitada por la palabra de Dios "sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho." Este es un gran versí­culo que nos proporciona una gran seguridad, que si oramos de acuerdo con las promesas de Dios mismo, El va a cumplir con lo que ha prometido. Lean en Segundo Samuel, capí­tulo siete, versí­culos veinticinco y veintiséis, donde David ora de este modo: " O Dios, ejecuta lo que has prometido." Esta también es una muy buena ilustración de oración correcta, oración acuerdo con la voluntad de Dios.

  4. Por qué es la oración tan importante? La oración es tan importante, primero, porque Dios nos ha mandado que oremos. Es por medio de nuestra oración que Dios provee cuando necesitamos. La oración es el método de gracia por el cual se nos proporciona lo que necesitamos. Segundo, hay un Diablo que se opone a todo cristiano. En la Primera de Pedro, capí­tulo cinco, comenzando con el versí­culo ocho, San Pedro nos dice, "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el Diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar, al cual resistid firmes en la fe." Así­ es que otra razón por la cual hay que orar, es que hay un Diablo que constantemente está tratando de derrotarnos y devorarnos. Con seguridad esto no ocurrirá, ya que Dios nos ama y está con nosotros. La gente de Dios orará y recibirá poder divino e iluminación para resistir al Diablo por medio de la sangre de Jesucristo. Tercero, Jesucristo mismo, Dios encarnado, el hijo de Dios, siempre oraba. Normalmente Jesús se levantaba muy temprano por la mañana, iba a una parte solitaria y oraba. Lo vemos orando a través de toda su vida. Lo vemos orando en el Jardí­n de Getsemaní­. Lo vemos orando en la cruz cuando estaba muriendo. Por lo tanto, para Jesús la oración era normal, como respirar. El tení­a una constante comunión con su Padre Celestial. Cuarto, los apóstoles oraron y nos enseñaron a orar. Especialmente cuando leemos el libro de Hechos, encontramos a los apóstoles orando continuamente. En Hechos, capí­tulo seis, versí­culo cuatro Pedro dice, "Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra." Los apóstoles fueron bien instruidos por nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

  5. Dios no oye las oraciones de paganos, de pecadores; ningún pecador puede acercarse al trono de Dios y orarle a El. Las únicas personas que verdaderamente pueden orar son las personas que han sido nacidas de nuevo por el Espí­ritu Santo, a quienes se les ha dado naturaleza divina, a quienes se les ha removido para siempre sus pecados. Estas son las personas a las cuales les será permitido acercarse con confianza al trono de gracia para comulgar con Dios, y Dios les oirá sus oraciones. Ahora, ya hemos mencionado que mucha gente ora. Qué podemos concluir, entonces, de toda esta piedad expresada por gentes de todo el mundo? Que ellos no están orando al verdadero Dios, al Dios infinito y personal quien creó y gobierna el universo. Ellos no le oran a El Padre, Hijo y Espí­ritu Santo.

  6. La oración es muy, muy difí­cil. Es un ejercicio muy difí­cil. Podemos venir a la iglesia fácilmente. Podemos leer la Biblia fácilmente. Podemos escuchar sermones fácilmente. Podemos hacer muchas, muchas cosas con mayor facilidad que acudir a Dios y orar. Por qué? Porque somos pecadores, y porque hay un demonio que nos opone. El Diablo odia cuando nos arrodillamos y oramos, sin quedarnos dormidos, a El Dios todopoderoso. La verdad es que los cristianos, particularmente en los paí­ses mas económicamente avanzados del mundo, no oran mucho porque aparentemente no tienen muchas necesidades. Sus necesidades son superficiales, cubiertas con prosperidad económica, aunque tengan necesidades espirituales muy serias. Piensan que todo está bien, y por eso no necesitan orar. Prefieren leer el periódico. Prefieren ver televisión lealmente. La televisión es para ellos como una droga; si no la ingieren, además de disgustarse manifiestan sí­ntomas de adicción. La gente cristiana ocupa su tiempo en muchas actividades, excepto en oración. Reconozcamos que la oración es extremadamente difí­cil. Cuando oramos, nosotros sabemos que lo hacemos porque el Espí­ritu Santo ha generado adentro de nosotros un gran deseo de orar. Cuando oramos, Dios produce y hace nacer en nosotros el deseo urgente de comunicarnos con Dios, y de permanecer con El.

  7. La oración es normalmente dirigida a Dios Padre. Puede también ser dirigida a Dios Hijo, o a Dios Espí­ritu Santo, pero normalmente la oración es dirigida a Dios Padre. En Mateo, capí­tulo 6, versí­culo nueve, Jesucristo nos dice en la oración que El mismo nos enseñó: "Vosotros, pues oraréis así­: Padre nuestro que estás en los cielos". De manera que la oración debe ser dirigida a Dios Padre, quien es la primera persona de la Sagrada Trinidad. Ahora, Dios Padre es su padre, y a El le gusta mucho oí­r sus oraciones. A El le gusta mucho verlo, o verla. No debemos pensar que Dios Padre es severo y transcendente y que está lejos de nosotros. Cómo podemos entonces, siendo pecadores, acercarnos de alguna manera a Dios Padre? Lo hacemos por medio de Jesucristo. La verdad es que Dios Padre nos amó desde toda eternidad y que fue El quien planeó nuestra salvación. El planeó nuestro acceso a su persona por medio de Jesucristo. Es por esto que usted necesita entender que Dios padre nos ama muy tiernamente, como un padre ama a sus propios hijos. Debemos entender que a El le place que vengamos a orarle. Dios está mas dispuesto a contestar nuestras oraciones que nosotros a orar. Así­ es que tenga esto en mente, especialmente al acercarse a Dios Padre en oración.

  8. La oración es ofrecida a Dios Padre por medio de Jesucristo. Leamos Hebreos, capí­tulo diez : "Así­ que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el lugar Santí­simo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne." Es con base en la expiación de Cristo por nosotros que podemos acercarnos a la presencia de Dios Padre. Este acceso a Dios Padre se nos otorga por medio de Jesucristo, por medio de su intervención, por medio su sangre, la cual derramó en nombre de nosotros. En el versí­culo veintidós, leemos: "acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura." Esto significa que debemos dirigirnos a Dios por medio de la obra de Jesucristo, por medio de su sangre. Jesucristo dijo, "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie vendrá al Padre excepto por medio de mí­." Es, entonces, a través de Jesucristo, que venimos al Padre. También se nos ha dicho que oremos en el nombre de Jesucristo, lo cual quiere decir por medio de Su autoridad, basándonos en Su intervención por nosotros. No venimos al Padre basándonos en nuestra propia justicia. Venimos al Padre basándonos en la obra redentora de Jesucristo, por medio de la cual se nos ha adjudicado Su justicia. De manera que ahora podemos acercarnos a Dios Padre, y Dios Padre nos acepta porque venimos a El por medio de Jesucristo.

Finalmente, tenemos que estar conscientes de que venimos a Jesucristo también por el Espí­ritu Santo. Leamos Efesios, capí­tulo dos, versí­culo 8 y Romanos , capí­tulo ocho, versí­culo quince. Dios nos ha dado el Espí­ritu de adopción por el cual lloramos "Abba, Padre". La oración la ofrecemos al Padre a través de Jesucristo, por medio del Espí­ritu Santo, quien Dios nos ha dado. Reflexionemos acerca de estas cosas, y pongámoslas en práctica, para que podamos gozar de este gran privilegio llamado oración.

Copyright © 1995, P. G. Mathew

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